sábado, 17 de octubre de 2026

Oh, Jerusalén

Oh, Jerusalén, forjada con amor y con paz;
oh, Jerusalén, con tus muros fortalecida.
Tus murallas, oh, Jerusalén, piedras formidables,
tus murallas, oh, Jerusalén, guardias armadas.
 
Oh, Jerusalén, la amada cuna de la fe,
ciudad santa protegida de David eres tú.
Desde Sion embellecida por Salomón,
tus murallas sobre las puertas de enclave.
 
Tus calles, oh, Jerusalén, do Cristo caminó,
la puerta de la hermosa, oh, ciudad santa, do el enfermo sanó.
Oh, Jerusalén, de sabiduría y de valor;
oh, Jerusalén, amada por quién sí te amó, Adonai.
 
Jonatham Moisés Mejía López
Estudiante de Bachillerato




miércoles, 7 de octubre de 2026

Nadie

Arduo es regresar con el sentimiento,
ya nada es como antes de la partida.
Las ventanas y las puertas pintadas
de tonos oscuros como las bestias,
quienes poco a poco corrompen mi alma,
no dejan hueco ya para la batalla.
Triste es ver que solo soy un extranjero,
esposo de Ezis, hija de la noche,
a quien los infortunios acompañan.
Ahora retorno de mendigo y vivo
como el más infeliz de las personas.

José María Martínez Escandón
Estudiante de Bachillerato



jueves, 5 de marzo de 2026

Brújula

El barco avanzaba despacio, mecido por un mar que ya no prometía nada. Olía a sal acumulada, madera húmeda y a redes olvidadas al sol. Cada crujido del casco era un sonido antiguo, tan repetido que había dejado de reclamar su atención. El viejo marinero, curtido por los años, reconocía esos ruidos como se reconoce una voz propia, sin esfuerzo y sin sorpresas. La luz de la tarde caía sobre la cubierta. Resaltaban las grietas de las tablas y el óxido en el metal, marcas del tiempo que no se había detenido por nadie.

Mientras tanto, un joven caminaba sin rumbo sobre la cubierta. Rozó las cuerdas con los dedos y se detuvo a mirar al horizonte. No observaba el mar tal como era, sino cómo podía llegar a ser. En su mirada todavía había espacio para algo más. El viejo marinero, en cambio, prefería las cosas conocidas, como el peso exacto de la cuerda en la mano, el sabor seco de la sal en los labios o el balanceo constante que había terminado por acomodarse en su cuerpo. El mar ya no era una posibilidad, sino una costumbre. El viento trajo olor a algas y a agua estancada; una sal que se metía en la nariz y raspaba la garganta. Las velas, agitadas una y otra vez, se tensaron con un quejido bajo, el mástil respondió con un crujido largo. El muchacho se quedó quieto y dejó que el viento le golpeara en la cara. El viejo ajustó la cuerda sin pensar, con un gesto aprendido, casi automático.

-Ya nada es igual - murmuró el joven sin mirar atrás.

El marinero no respondió, sabía que contra el tiempo no podía luchar, y aún menos vencer. Durante años había confundido permanecer con resistir, y resistir con vivir. Sacó una brújula antigua del bolsillo. El metal estaba frío, gastado por manos que habían creído saber siempre hacia dónde iban. La aguja temblaba, incapaz de decidirse, como si también sintiera el peso de los años.

El joven la observó un instante:

-No quiero quedarme aquí.

El marinero asintió apenas y dejó la brújula en la palma abierta del muchacho. El joven la cerró con firmeza. El barco continuó, lento, mientras el mar golpeaba el casco con la misma paciencia de siempre.

Pablo David Pupiales Collaguazo
Estudiante de Bachillerato



miércoles, 17 de diciembre de 2025

Dama perfecta

La muchacha bella con ojos claros,
verdes intensos y esperanzadores,
cabello castaño y liso, que surca
su moreno cuerpo y ligeros hombros.
 
Un mensaje intento que ella reciba,
que confiese afecto con servil tono,
mas yo no consigo dar en la clave
y el amor se me escapa de la mano.
 
El impulso de tenerla me atrae.
Tan fuerte es que no alcanzo a respirar.
No sabré cómo vivir esta vida,
sin verla reflejada en su belleza.
 
Sueños mágicos me inundan si triste
vago entre lo real y la ficción,
perdido entre su figura y facciones,
iguales a la más hermosa diosa.
 
Con palabras gratas se me dirige,
como si ángeles con liras cantando,
derriban la oscuridad con un soplo,
dejando el paso a la luz floreciente.
 
Fluye el tiempo y continúo rendido.
Las noches largas y efímeras cuentan
historias alegres donde aparece
regocijada y pura entre mis brazos.
 
Mi evangelio su melodiosa voz.
Mi dogma su sentir.
Mi refugio su angelical sonrisa.
Mi esperanza su amor.

Estudiante de Bachillerato
José María Martínez Escandón







miércoles, 22 de octubre de 2025

Luna enamorada

La tarde se despide,
impulsada por Cronos, cansada;
Y Apolo ya no sonríe:

no se encontrará con su amada.

 

Sale Artemisa, bella como siempre,

con su forma resplandeciente:

enseña varios caminos

y escogerá el más complaciente.

 

Una decisión ha de elegir,

con la cual brillará más intensa:

cualquier viajero, aun sin compañía,

no se sentirá solo en la noche densa.

 

Pasa sola el resto de su vida,

ella cuenta despacio las horas.

Espera que la tortura termine,

de no poder ver al que adora.

 

El tiempo corre, su hora ha llegado:

historia diaria, interminable tortura,

de vuelta al rincón, otra vez al comienzo,

con final feliz o simple amargura.


Mathías José Rivera Pacahuala

Estudiante de Bachillerato




jueves, 9 de octubre de 2025

Lo que no dijimos

Te fuiste.
Aun así, sigo buscando
tus abrazos,
esos que llegaron tarde
pero que siempre necesité.
Y pensar que todo tuvo que acabar así…
cuando más nos acercábamos,
fuimos obligados a separarnos.
Ahora te necesito,
pero ya no estás.
Ahora vives en Alemania,
donde la nieve cubre las calles,
mientras yo me quedo aquí,
con las manos vacías,
junto a la costumbre de pensarte.
Ya van dos meses sin ti
y no sé qué hacer con eso.
A veces creo que vas a volver
como el primer día,
como si todo siguiera igual.
Te fuiste.
Yo me quedé
con todo lo que no dijimos.
Y por eso te extraño,
papá…

Pablo David Pupiales Collaguazo
Estudiante de Bachillerato



martes, 23 de septiembre de 2025

Performative

Tantos matchas,
tantas Crumbl cookies
y ninguna como las que tomamos juntos.

Dime, por qué ya no estás, 
aún recuerdo los Labubus que compramos.
¿Será mi rizz que ha empeorado?
¿Habrá sido él?
Aquel sigma que te compró chocolate de Dubái…
 
Yo le maldigo.
Ya Laufey me parece solo ruido.
 
Rodrigo Cuesta
Estudiante de Bachillerato