viernes, 6 de noviembre de 2026

La séptima habitación

Hace dos años, mi familia y yo fuimos a visitar una casa que estaba a la venta. Queríamos verla porque estábamos pensando en comprarla.

En la segunda planta había un pasillo bastante largo. Fuimos entrando en las habitaciones una por una hasta que llegamos a la última. Recuerdo perfectamente que había siete habitaciones. Lo más extraño es que todos los de mi familia la vimos desde fuera y TODOS entramos a la séptima habitación, era la más fea de todas y muy diferente a las demás. Recuerdo cómo era por dentro; dónde estaban las ventanas, la forma de la paredes e incluso otros detalles de la habitación. Mi familia también recuerda haber estado allí.

Después de terminar de ver toda la casa nos fuimos y hablamos sobre lo grande, lúgubre y antigua que era la casa.

Unas semanas más tarde volvimos. Esta vez teníamos las llaves porque la habíamos comprado, así que podíamos entrar a la casa y verla con más tranquilidad. Subimos a la segunda planta. “Una habitación... dos... tres... seis...". Nos paramos y nos miramos unos a otros: ¡faltaba una! La séptima habitación había desaparecido. Pensábamos que habíamos contado mal y, confundidos, recorrimos el pasillo varias veces, pero no aparecía, no había ninguna puerta más. Por esa razón empezamos a discutir sobre la habitación: todos la recordábamos; todos entramos dentro; todos sabíamos dónde estaba y lo más extraño, todos recordábamos cómo era por dentro.

Nadie entendía qué pasaba. Buscábamos alguna explicación: quizá habíamos contado mal, quizá había otra parte de la casa que no habíamos visto bien. Pero ninguna explicación encajaba. La habitación ya no estaba.

Hoy en día, cuando mi familia recuerda la casa, todos coincidimos la séptima habitación existió. Lo único que no sabemos es cómo pudo desaparecer.

Lo más inquietante de todo este es que, aunque han pasado dos años, todavía puedo cerrar los ojos y recordar perfectamente cómo era aquella habitación.

David Gavira Castillo
Estudiante de Bachillerato