jueves, 25 de octubre de 2018

Otra mañana de jueves camino al colegio


Un aire soñoliento reina en la habitación,
hundiéndote en la comodidad de blancas sábanas,
rompe el clímax el estruendo del despertador,
que siempre solitarias mañanas acompaña.

Ni un rayo de sol entra por tu ventana,
ni un ruido se escucha en el silencioso exterior,
todo es completa calma sobre la joven noche,
que pronto se fundirá con la clara luz del sol.

Una taza caliente que calme el frío en diciembre,
mientras el alquitrán encharca tus dos pulmones,
la ciudad desperezándose con lentos pasos,
renaciendo con la nueva luz del horizonte.

Rima el andar de tus piernas con el mismo suelo,
se abraza la vieja chaqueta como refugio,
la noche el día, el día la noche, como un duelo,
otra mañana de jueves camino al colegio.

Alberto Díaz-Moreno Sánchez
Estudiante de Bachillerato



miércoles, 10 de octubre de 2018

San Junípero


Balear de una época pasada tiempo ya,
surcó el mar en busca de una olvidada tierra,
y labró, con gran esfuerzo, con sangre y sudor,
nueva nación con Cristo como único Señor.
Este hombre admirable y digno de santidad
ha sido blasfemado, muerto y sepultado,
¿qué diría él si se viese de nuevo con habla?
Si viera California, "flevit super illam".

Alberto González Jiménez
Estudiante de Bachillerato



martes, 25 de septiembre de 2018

Autorretrato


Mi infancia son recuerdos de temas de Pereza,
y Amaia cantando junto a su Oreja de Van Gogh, 
de mi hermano colgado de su amada guitarra, 
y yo todo el día jugando con el balón.

Son recuerdos de Toledo, Córdoba, y Madrid, 
colegas compartiendo porterías de jerséis, 
frente a clases torrantes que no me hacían reír, 
sobre todo si trataban de hablar Inglés.

No buscaba finales de cuentos ni perdiz, 
es lo bueno de ser niño, reír sin razón.
Con unos padres que siempre me hacían feliz, 
todos recuerdos que almaceno en el corazón. 

Mas sin ser nostálgico, soy feliz ahora también, 
pasado bueno, el futuro por descubrir.
Siempre será una gran foto que me guardaré 
en un cajón para cuando quiera yo volver.

Alberto Díaz-Moreno Sánchez
Estudiante de Bachillerato



sábado, 21 de julio de 2018

Fiel hasta la muerte


Levanto la mirada y noto cómo el agotamiento va provocando temblor en mis piernas. Veo cómo a mí alrededor se reparten por el suelo los cadáveres de entre diez y veinte enemigos. La sangre sobre mi espada gotea y me mancha las manos dejándolas pegajosas. Restos de sangre y vísceras chapotean bajo mis pies. Dirijo la mirada al este y observo la salida del sol de madrugada. Miro entonces al oeste y veo a mi compañero con una rodilla en tierra, jadeante, agotado pero ileso. Otros tantos cuerpos inertes de enemigos se reparten a su alrededor.

Un cuerno suena a lo lejos, hacia el norte… es un cuerno enemigo. Se aproxima otra oleada de feroces y frescos guerreros a los que derrotar. Miro al cielo e imploro a cualquier dios que me quiera escuchar por un suspiro de fuerza. Necesito una gota de aliento para afrontar esa nueva oleada.

En ese momento, una voz ronca me devuelve a la consciencia:

-¡Eh, vienen más! Si salimos de esta te invito a lo que quieras en la taberna de la cascada.

Miro a mi compañero, ya en pie y con el rostro serio. Nuestras miradas agotadas chocan, pero no podemos evitar una mueca de complicidad. Tantos años de servicio juntos y tantos años antes de la guerra traen demasiados recuerdos.

-Aún recuerdo cuando me abriste la cabeza practicando con las espadas de madera de mi tío Fausto. Conservo esa cicatriz y tantas otras... -suspiro provocando en él una carcajada.

Se acerca a mí limpiándose la sangre de la cara con el reverso de la mano y tras un amistoso golpe en el hombro empuña su espada.

-¡Vamos a darles duro a esos malnacidos!

Con esas simples palabras me devuelve el valor y la fuerza, porque no hay nada que pueda animar más que saber que alguien en quien confías se entrega al mismo propósito que tú. Y con esto se lanza al combate gritando ferozmente. Detrás de él todo el ejército vuelve a la carga y yo, con los ánimos repuestos, le sigo de cerca para cuidar de él como juré y cumpliré siempre.

Marcos Táuler Ullivarri
Estudiante de Bachillerato



miércoles, 11 de julio de 2018

Sol la si do


Una suave lluvia de acordes. Una leve melodía que navega con delicadeza por la habitación.

Sol la si do, la vieja guitarra sigue pronunciando su fraseo, sigue perpetrando en ti que escuchas atento lo que tiene que decir, lo que tiene que mostrar, lo que tiene que recordarte.

Sol la si do y vuelven imágenes borrosas a tu mente. Una cara inocente, una olvidada sonrisa en el fondo del cajón, una tarde de invierno...

Sol la si do, una lágrima derramada y una carcajada nostálgica. Un apenado rostro, alegrado por un desgastado recuerdo de la infancia, que saca tu sonrisa a bailar como en un lejano juego de niños que apenas recuerdas, lleno de praderas verdes, sonrisas maternas y libres aires.

Sol la si do y un abrazo, un adiós, un largo viaje.

Alberto Díaz-Moreno Sánchez
Estudiante de Bachillerato



martes, 15 de mayo de 2018

Dos


Dicen que la esperanza y el amor transforman al hombre, volviéndolo algo que merece la pena ser llamado como tal. Me dispongo a relatar uno de los momentos en los que fui, aunque sólo por un instante, algo digno de mención.

Ocurrió un viernes de 2001, y la luna, blanca y redonda, pintaba de ámbar las farolas fundidas.

Eran las 4 de la mañana y yo llevaba bebiendo desde las once. No porque disfrutara del sabor del alcohol o porque estuviera celebrando algo, sino porque necesitaba beber. Ansiaba el ardiente beso de la botella en mis labios, el amargo rascar del líquido sobre mi garganta, pero sobre todo, ansiaba esa sensación de desapego, esa dulce promesa de unas horas en blanco, esa invitación a alejarme de una vida pesada y agónica. En definitiva, ansiaba olvidar, y parecía que, al menos durante esa noche, lo había conseguido. Me equivoqué de plano, y doy gracias por ello.

Volví a verla. Más adulta, menos etérea, pero igual de bella, si no más. Estaba en un garito del centro, apoyada en la barra.

Me sorprendió que me reconociera, pues poco quedaba del niño que la vio por primera vez. Las novelas ya no eran para mí promesas de universos nuevos y hacía siglos que no sentía el impulso de pasar páginas. Mi amor por las historias se había consumido, ahogado por una vida de fechas de entrega, trabajos urgentes y obligaciones insulsas. Estaba convencido de que jamás volvería a soñar y, sin embargo, ahí estaba, hablando con una fantasía, la más hermosa que había visto en toda mi vida.

Recuerdo su aroma, aquel perfume de flores y tinta, de polvo y mentiras. El olor a novela.

Aquella visión duró poco, pues tras apenas un suspiro, desapareció entre las luces del alba.

Esa fue la última vez que necesité beber. Juré que consagraría el resto de mi vida a ella, que la hallaría de nuevo y que cuando lo hiciera, sería lo suficientemente capaz de declararle mi amor.

Y lo hice, pero esa es otra historia.

Alfonso Pizarro
Estudiante de Filología Hispánica



viernes, 20 de abril de 2018

Letras


¿Qué es la locura sino lo que los supuestos rectos de moral llaman imprudencia? Pues que sepan, señores aburridos, que en mi mapa del desequilibrio mental tengo una larga historia que contaros.

Bajo el sol ardiente del verano antiguo he surcado las aguas en el barco de mi compañero Eneas, el cual me narraba sucesos en las noches de diluvio a la luz de las velas casi consumidas; historias de criaturas acuáticas, de amor fraternal, de guerra encarnizada y de lo atrevido que hay que ser para surcar las aguas del misteriosísimo mar Mediterráneo.

Con pasión y con sentimiento he oído a William Wallace arengar a sus compatriotas en las tabernas escocesas con barriles repletos de cerveza y corazones colmados de ilusión. Hemos cantado todos abrazados esas letras que hacían vencer a ejércitos que nos doblaban en número, con amistad, coraje y humildad. Las amistades se desvanecían por el hierro y el acero ingleses y miles de vidas llegaban a su fin, pero lo que nunca oí o vi que se desvaneciera era su ansia por la libertad.

He vivido un amanecer en una trinchera al azar de la artillería enemiga con el corazón en un puño, y con mi suerte y la fortuna o desgracia de muchos siendo apostada en salones reales; en palacios donde reina más la cobardía que el amor, donde impera arriesgar las vidas de los demás por absurda diplomacia. Hombres de patria que eran convencidos de luchar por su país, cuando por lo que de verdad peleaban era por un rey repleto de codicia y avaricia con muchas artimañas y trapos sucios para convencer a sus súbditos.

He visto en aquel hombre indio, con más huesos que carne, el verdadero rostro de la humildad, de la paz, del servicio a sus iguales. También la lucha desarmada contra oportunistas sajones ávaros con ganas de saquear el mundo entero sin importar la manera de llevarlo a cabo.

Hablemos de compartir con Víctor Hugo palabras sobre amor, sobre liberación; con Ulises he bebido de las cráteras de vino mezcladas por los cíclopes; he brindado mi jarra de cerveza con la de Erik el Rojo; he observado el Nuevo Mundo con Darwin; he subido y he bajado del Olimpo decenas de veces y aun así seguiré siendo un loco, pero en lo que admito haberme convertido y nunca dejaré de ser, es en un patriota de aquellas que permanecen inmóviles ante los vaivenes del tiempo, las que son indiscutibles, las que me han cautivado -no hablo de locuras-, las letras.

Rafael Álamos
Bachillerato