viernes, 10 de marzo de 2017

Sobre las humanidades y cómo éstas nos elevan hasta las mansiones celestiales del Olimpo

Escribiendo como orgulloso estudiante de humanidades me complace comunicar a los integrantes del vulgo profano que sus pensamientos, razones y objetos (como fin) de vida son algo deleznable e inferior a la verdadera naturaleza y condición humana. Pero en mi filantrópica compasión, y es aquí donde me enorgullezco de mí mismo, he decidido (tal y como hiciera Prometeo en nuestros primitivos orígenes) descender de mi celestial morada a llevaros el fuego; que esta vez será representado por la luz que os aportará el conocimiento que promulgo y propugno. Mas no queriendo estimar en demasía a mi persona, pero necesitando aclararlo (tal vez más conmigo mismo que con vosotros, pues no entenderíais mi dilema, animales salvajes disfrazados de hombres) añado que no voy a vosotros movido por mandato divino, sino por un estadio superior de empatía, abnegación. Por supuesto no podría abandonar mi cordura para rebajarme a vuestro nivel de bestias, como no podría una deidad dejar de ser divina.

Vuelvo al tema que me ha conmovido, y aquí entráis vosotros. Paseando por el celestial Olimpo os vi, os vi como puercos entre el estiércol y lo que en mí provocaba náuseas en vosotros hacía nacer un casi obsceno placer, el placer de que siendo (aunque dudo que sabiéndoos) humanos, vivíais como animales revolcándoos entre las inmundicias de la incultura. En la mayor parte de casos esto es tan sólo una metáfora, ilustrativo es que no lo fuera en todos.

¡Oh triste historia!, condenada a sufrir la animalización del hombre, condenada a ver al patético ser que antaño forjase laudables glorias.

Vosotros vivís en casas de piedra y altas torres de cristal, pero hombres mortales sois y como tales destinados estáis a morir, pero se os ha olvidado cómo ser hombres, se os ha olvidado que podéis vivir vidas dignas, gloriosas y magnánimas; dignas de ser bordadas con hilo de oro en el tapiz de las Parcas como hitos. Podríais acometer gloriosas empresas por las que los mismos dioses se arrodillarían, tal como la mía, que viviendo bajo las estrellas, alejado del mundanal ruido, me he impuesto la misión de daros la llave, el dominio de vuestra vida.

¡Yo soy el heraldo de la humanidad perdida!, cantad musas mi valor, pues aunque inerme me encuentro, ningún peligro me acecha y a nada temo, porque todas las armas de las que preciso se hallan en mi amor, mi amor por la humanidad a la que os empeñáis en vilipendiar. Yo he venido a enseñaros, escuchadme entonces poderosos y débiles, escuchad oprimidos, escuchad opresores, escuchad individuos todos; no hallaréis verdad alguna en el futuro, no en la mundana ciencia, no en el efímero progreso técnico.

La verdad será hallada en el pasado, gozoso tiempo en el que los hombres gozaban de humanidad; volved vuestros impíos ojos a las enseñanzas clásicas del pasado.

Francisco Rodríguez Das Neves
Bachillerato



martes, 24 de enero de 2017

Por ti lloré chinchetas que pisaron otros

Me miraste a la cara y me obligaste a vomitar mariposas de felicidad; me dejaste hueco en el invierno y vacío en el palacio interior que sirve de asidero para mi alma. Ya no pude levantarme de la caída del imperio de tu ropa en el umbral de noviembre. Arrodillaste tus manos en mi cuello, frente a tu templo dedicado a Lilith, y apretaste gritando te quiero hasta que mi cabeza se deshizo en forma de vendaval. Aquella tarde afilaste tu orgullo y me robaste el llanto. Por la noche mojé la almohada de lava. Y hoy me desvivo por llorar a fin de mes. Pero esta mañana, tras intentarlo observando el retrato de tu fragancia que escondí bajo mi ombligo, conseguí llorar chinchetas. Y las usé para colgar tu última mirada en el corcho de mis mejillas, para que Madrid te vea y se muera conmigo dentro; como un feto al filo de la hambruna.

No conseguí más que volver a vomitar, pero esta vez pétalos de nubes negras. Y el cielo enmudeció de lluvia y colmó de truenos al suelo infértil de ti. Ahora, la espada de Damocles cuelga sobre una rosa marchita sobre mi cabeza. Y tu recuerdo me tiene entre la tumba y la pared.

Qué pena que las calles estén sumergidas en chinchetas.

Aarón Toral
Bachillerato


sábado, 26 de noviembre de 2016

¿Para qué sirven las humanidades?

¿Nunca te han preguntado qué salidas tienen las humanidades?

Algunas personas ven las humanidades como algo que puede servirte para tu carácter personal, pero para poco más. Es decir, es algo que te va a ser poco útil para encontrar trabajo.

Y esto es así y es innegable: hay estudiantes de ciencias que creen que tendrán un futuro mejor sólo por estudiar ingenierías o similar. Gracias a Dios no todos piensan de esta manera, de hecho, hay un montón de personas que estudian ciencias porque les gusta y quieren dedicarse al campo que están estudiando para vivir de ello en el futuro, porque es su pasión.

Mi opinión personal es que no creo que existan carreras con salidas. Sin embargo, sí creo en las personas con salidas. Si tienes potencial y habilidad o simplemente interés y ganas en trabajar en algo, estoy seguro de que tendrás tu sitio en donde quieras estar.

Ahora ¿por qué estudiar humanidades?

Su nombre lo dice: para estudiar al ser humano. No son conocimientos generales, sino que va más allá. Las personas que estudian humanidades se preocupan por el hombre, sus valores, sus obras y todo lo que le constituye (pasando por su historia, su cultura, sus ideas, etc.). No sólo me parece interesante todo esto, sino, además, útil. Cada vez más empresas contratan a orientadores, por ejemplo.

Hay una gran lista de trabajos a los que te puedes dedicar tras estudiar humanidades, así que no creo que ese factor sea tan determinante como para echarte para atrás a la hora de elegir qué estudiar. Eso sí, al elegir tienes que tener claro cómo hacerlo: si con el corazón (pensando en lo que realmente te gusta) o supuestamente con la cabeza (pensando en los "beneficios" que te puede traer).

En definitiva, las humanidades están para todo aquel que se siente curioso por el hombre y decide estudiar todo lo que le ha rodeado y le rodea actualmente. Por supuesto, no puedo decir que son mejor que las ciencias, ya que estas aportan elementos esenciales a la sociedad, como la medicina. Pero veo más interesante, a nivel personal, las humanidades porque conociendo y admirando al hombre, te conoces y te admiras. Esto es para lo que sirven las humanidades.

Andrés Aparicio
Bachillerato


viernes, 18 de noviembre de 2016

Abandonado

Lo último que recuerdo es que la tripulación y yo estábamos en una misión de recogida de restos de suelo en Venus, cuando nuestros sensores meteorológicos de muñeca comenzaron a emitir un molesto y agudo pitido: se acercaba una tormenta eléctrica. Aunque la recogida no había concluido, la Capitana de la misión nos obligó a regresar de nuevo a la Zeus 7, ya que no sabíamos si la base que teníamos en el planeta iba a aguantar la potencia del temporal. Aunque algunos miembros de la tripulación y yo nos opusimos, había que terminar la misión; pero lo que de verdad importaba no era la misión, sino nosotros mismos.

La tormenta llegó antes de lo esperado y nos alcanzó antes de haber podido recoger todos los instrumentos que estábamos utilizando para la extracción del suelo. Cuando ya estaba justo sobre nosotros, la tormenta comenzó a levantar toda la arena del lugar haciendo la visibilidad totalmente nula y lanzando todo nuestro equipo peligrosamente hacia donde nos encontrábamos. A punto de llegar a la nave, uno de los instrumentos me golpeó en una de las piernas lanzándome a gran distancia, dejando mi cuerpo totalmente inmóvil y haciendo imposible que mi equipo me recogiera. Entonces la Capitana decidió dejarme atrás para poder salvar al resto de la tripulación.

Cuando me desperté, estaba medio enterrado en la arena y noté cómo un agudo pitido sonaba en el interior de mi casco: me estaba quedando sin oxígeno. La cabeza me daba vueltas, el sonido de mi respiración retumbaba dentro de mi casco como cuando estás debajo del agua, hueco y distante. No sabía con seguridad cuánto llevaba tumbado en aquel árido paraje. Deseaba quedarme allí quieto hasta que supiese exactamente lo que había pasado… pero no podía. Al intentar levantarme algo tiró de mi pierna causando un dolor muy intenso.  Tenía un alambre clavado en el muslo que debía que sacar si quería llegar a la base. Tiré con fuerza y logré sacarlo de mí. Al llegar, he tenido que coser mi herida, pero quizá no ha servido de mucho, ya que hasta que pueda contactar con La Tierra y consigan mandar una misión tripulada de rescate pasará, al menos, un lustro, y sin embargo aquí estoy, confinado en el interior de un hábitat pensado para unas semanas.

Alejandro García Millán
Bachillerato


sábado, 12 de noviembre de 2016

Escritos de té

Plástico mojado. Cuando cae el agua de la fragua vulcanista veo el plástico mojado, inmune ante tales e insufribles temperaturas y con esa decoración tan "extravagante" propia de un recipiente comprado en un supermercado.

A la vez observo ese color raro que le dan todos aquellos trozos de vegetal, ahogándose por el bien de este sabor que ahora está dentro de mi boca y que en pocos minutos recorrerá mi cuerpo de arriba abajo como un tren Madrid-Segovia hace por entero su camino.

Este vaso de agua, un simple vaso de agua que te trae recuerdos con su vaho y su calor, que en sí lo ves innecesario, es lo que te hace falta en una sesión de Perkeo.

Un recipiente innecesario que te adentra en un mundo mejor y privilegiado, más rico, porque donde hay letras hay té y donde hay té es en este vaso.

Rafael Álamos
Bachillerato

Inexistente. Esa es la más acertada y completa descripción sobre mi vaso de té. Una palabra que lo dice todo. ¿Cómo describir algo que no existe? Si existiera habría muchas, pero muchas formas de describir cómo es. Podrían resaltarse sus cualidades, mencionar cómo el tenue vaho surge del agua caliente, cómo poco a poco, lentamente, se va tornando amarillento el antes translúcido color.

Luego, podría narrar la explosión de amargor en mi boca o el calor casi capaz de derretir mis papilas gustativas. Más adelante también podría comentar lo mal que suele sentarme a la larga; esa es la razón por la cual yo no tomo té.

Algo que con anterioridad no he hecho es preguntarme de qué sabor sería mi té. ¿Sería té verde? ¿Té negro? ¿O tal vez té de jazmín? Lo más probable es té verde, puesto que es el único que a día de hoy hay en Perkeo.

Bueno, en verdad no sé la razón para escribir tanto sobre todo esto, después de todo, mi té es inexistente.

Fernando García Caraballo
Grado Superior

No parece nada más que un vaso de plástico corriente…

Como todo vaso de plástico, tan sólo sirve para llenarlo unas cuantas veces de algo, en este caso de té. Tampoco puedes tener un vaso de plástico eternamente, tan solo puede servirte un par de veces.

Estos factores son los que diferencian estos vasos de los de cristal, que tienen muchísimo más valor.

Sale de él vapor, que queda además reflejado en el propio vaso. Contiene agua caliente y un saco de té verde, de ahí que el agua adopte ese color (el verde).

Es de tamaño medio en cuanto a altura y grosor y, en definitiva, ya que presenta todas las características que tienen vasos corrientes, puedo decir que es eso: un vaso corriente.

Andrés Aparicio
Bachillerato

Nunca me percaté de sus ojos verdes como esmeraldas. Quizá porque estuve cegado por la luz que desliga su cilíndrico contorno. (Me encantó arropar con mis manos ese vestido traslúcido que cubría su tan húmeda piel).

Su cabello era el humo más abrasador y aromatizante que jamás sentí. Y ¿sus labios? Perfectos. Tan redondos y finos que sentía un hambre voraz de tan solo pensar en besarlos.

Se componía de agua en un setenta por ciento; quizá por eso tuve ganas de beberme hasta la última gota de su sed, de su ser, de su más pura esencia.

Qué pena que se tornaran amarillos sus ojos. Amarillo víbora. Víbora porque al beberme de un trago su naturaleza me envenenó el alma y tuve que suicidarme en este texto.

Sí, el té me sienta fatal.

Aarón Toral
Bachillerato


jueves, 27 de octubre de 2016

No sabemos nada

A lo largo de su existencia, el ser humano ha adquirido unos conocimientos que ha usado para mejorar su calidad de vida, desde la máquina de vapor hasta el móvil más moderno. Todo lo que el hombre ha creado lo ha hecho para mejorar su existencia. La escritura ha sido el medio empleado para guardar y transmitir los conocimientos a generaciones posteriores. Pues bien, nosotros somos esas generaciones posteriores y no sabemos nada. Todo el saber que se supone debemos conocer, nos es desconocido: ¿sabes acaso cómo funciona un ascensor?, ¿has leído la Eneida de Virgilio?...

¿Es malo no saber las respuestas a estas preguntas?, ¿es necesario saber todo esto? No tienes por qué conocer la respuesta a todo. El problema viene cuando la gente piensa que ahora el conocimiento es más accesible que nunca gracias a Internet, y que es más fácil informarse gracias a los medios de comunicación. Es precisamente aquí donde está el problema.

En primer lugar, páginas web como Wikipedia o Yahoo no son lugares donde realmente resida el conocimiento. El verdadero conocimiento reside en los libros, en investigar. Cuando tú buscas “Eneida” en Wikipedia te aparece lo siguiente: “Es una epopeya latina escrita por Virgilio en el siglo I a. C. por encargo del emperador Augusto con el fin de glorificar el imperio atribuyéndole un origen mítico”, y resume cada uno de sus libros en seis párrafos, cuando, en realidad, la Eneida es muchísimo más.

Luego, hay quien dice que los medios de comunicación son una maravilla porque te informan de todo, cuando en verdad lo que hacen es resumir en cinco minutos cuestiones políticas mucho más complicadas que “Ciudadanos y el Partido Popular llegan a un acuerdo”, o temas como “Cataluña se quiere independizar de España”. Así es incluso normal que la gente piense que X político gobierna como un patán, cuando en realidad la mayoría de nosotros no tenemos ni idea de lo difícil que es dirigir un país. O los que insultan a Cataluña por querer independizarse, cuando la mayoría de ellos no conocen el punto de vista de Cataluña como una provincia que ha dado muchos beneficios a España y a la que siempre se ha mirado “por encima del hombro”.

Ese es el gran problema de no saber nada, que muchas veces hablamos sin conocer el tema al que nos referimos. Si tú de la máquina de vapor solo tienes conocimientos de Wikipedia, no tienes idea del tema que tratas; si lo único que sabes del funcionamiento de la política es lo que ves en el telediario, no conoces de política tanto como crees.

“Es mejor permanecer callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente” (Groucho Marx).

Juan Mateos
Bachillerato



viernes, 7 de octubre de 2016

Una noche en el puerto

Era de noche en el puerto que solo de día visitaba. Las líneas infinitas del mar rozaban el largo horizonte cubierto de nubes, anunciaban una puesta de sol llena de naranja y azul combatiendo por el cielo. Notaba la brisa que llegaba por todos los lados; los pliegues de su ropa iban formando en él la voluntad del viento.

El agua, pensaba él, le podía llegar un poco más arriba de la cabeza. Lo que Daniel le contó en el bus le empujaba a preguntarse por los misterios que habría bajo el mar. Pero aquella conversación fue hace tres meses. Ahora, después de aquel profundo diálogo, iba a despertar algo que no conocía. El rechinar de la madera húmeda, el olor salino y el viento cruel estaban en contra y no hacían sino atrasar y acumular en su imaginación el miedo.

Había dejado aparcado el coche a unos kilómetros porque la arena lo arropaba todo desde muy lejos. El muelle en el que estaba era largo y los años los mostraba en las tablas rotas. Los pilares que venían de lo profundo estaban carcomidos por las almejas y crustáceos. Las viejas cuerdas de botes que ya no estaban, hacían que pareciera un muelle de alguna batalla. La luna ya había llegado sin haberse dado cuenta y, escondida en la neblina, hacía brotar la luz formando en el reflejo del mar una capa sombría. No había pasado más de una hora, la espera se hacía eterna y más aún cuando miraba sin parar el reloj.

Su mirada atravesaba el mar y en él se perdía; se dio media vuelta moviendo las tablas una por una hasta llegar a la arena que enterraba sus pies. Miraba los diminutos granos y se preguntaba por qué no había venido su mejor amigo. Dudaba si había llegado a la hora exacta o si incluso había quedado otro día, pero era imposible. Ansiaba que ese día llegara como ningún otro y allí estaba, cruzando los árboles ya clavados en tierra fértil y dejando atrás aquello que no conocía.

Lo último que quería era volver al pueblo y dejar todo eso en el fondo del mar. Sus pasos disminuían poco a poco y de vez en cuando volteaba la cabeza atrás en busca de algo. Al cabo de un tiempo llegó a un sendero y se dio cuenta de que el sonido del mar se quedaba lejos. En una de esas, tomando el tronco de un árbol para apoyarse y dar una zancada larga, vio una inscripción tallada en la corteza. Era un cincelado en la madera que representaba un nautilo atravesado por un tridente. Las betas en la madera cortada estaban regeneradas por el tiempo. Sin duda alguna, era un grabado que nunca había visto. Ahora, su mirada giró por completo hacia lo profundo del tupido bosque. Sus ojos tan rápidos como sus piernas buscaban entre los espacios de árboles y árboles señales del puerto.

Estaba paralizado por completo e invadido por un miedo abismal, sus ojos temblaban. Su mano derecha cerró su puño y, apretándolo, ciñó su rostro de perdición. Unos abstractos cuerpos al final del muelle cubiertos por una neblina equilibraban el oleaje y no mostraban simpatía alguna. De aquella quietud una efervescencia se mostraba a un lado del muelle. Sin ningún tipo de respuesta conocida, Tom vio cómo un cuerpo emergía del agua. Estaba siendo controlado por aquella forma siniestra que se le acercaba.

Un grito rompió el aire bañado de miedo y Tom, centrando la vista en el cuerpo que identificó como humano, respondió:

-¿Quién eres? ¡Qué es todo esto!

Mientras esperaba una respuesta, escuchó la nítida voz de Daniel suplicando misericordia. No halló consuelo para poder pensar en todo lo que estaba ocurriendo. Y ahora el inhumano cuerpo estrangulaba el cuello de su amigo escapando de su dañada garganta una súplica de ayuda. Tom tomó carrera y sorteando a formas en la niebla abrazó a su amigo en el aire y cayendo ambos en el mar entraban en la misma trampa de la que Daniel acababa de salir.

Su cuerpo, pálido por los momentos de extrema tensión, fue cobrando vida y, cuando logró tomar conciencia, vio lo que los tenía atrapados. En el momento en el que se zambulló y salvó a su amigo, se desmayó, pero no entendía qué lo sacó del agua o dónde se encontraba. Cuando se fijó en la estructura en la que se hallaba, el vértigo atacó a sus sentidos y no cabía ningún tipo de razonamiento. Era una gigantesca bóveda de vidrio sumergida en las entrañas del océano. Una civilización abordaba la superficie submarina y -no importaba desde dónde la miraras- parecía no tener fin.

De pronto, uno de ellos se le acerca y dándole un golpe lo desmaya.

-No deben saber de nuestra existencia -replicó una de las criaturas marinas. Y así, mirando cómo el humano suspiraba profundamente, le borraron la memoria y lo devolvieron a la superficie. Al siguiente día, Tom y Daniel se levantaron y comenzaron sus días como cualquier otro. Como si no hubiese ocurrido nada.

Fernando Guédez
Bachillerato